Protesta con estrategia: Lecciones y reflexiones de las resistencias para la crisis de la USAC

La disputa por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) se encuentra en un punto de inflexión. La comunidad universitaria se enfrenta a una nueva ofensiva antidemocrática que busca consolidar un segundo fraude en la rectoría, perpetuando a Walter Mazariegos en el poder. Sin embargo, el motor de la actual resistencia parte de una base innegable: una contundente victoria electoral de la oposición que demostró un rechazo generalizado y transversal. La consigna principal es clara y aglutinadora: nadie quiere a Mazariegos.

No obstante, sostener el descontento y transformarlo en una victoria política requiere más que indignación. Al analizar las movilizaciones nacionales por la defensa de la democracia en 2023 y el plantón de 106 días frente al Ministerio Público, emergen lecciones importantes que se pueden aplicar en este nuevo escenario de resistencia democrática. Este artículo no pretende ser una crónica romántica de la protesta, sino un análisis estratégico sobre la mecánica real de cómo se sostiene, se gana o se desgasta un movimiento político, aplicando estos aprendizajes a la urgencia de la situación universitaria.

Legitimidad y unidad: Lo que la USAC puede aprender de las autoridades indígenas comunitarias

Resulta tentador atribuir el éxito de las movilizaciones de 2023 únicamente a la autoridad moral histórica de los pueblos indígenas. Sin embargo, esa explicación simplifica una realidad mucho más compleja y táctica. El éxito del liderazgo de organizaciones como los 48 Cantones o la Alcaldía Indígena de Sololá no radica solamente en el hecho de «ser indígenas», sino en su modelo organizativo de base: una cohesión comunitaria donde todas y todos se conocen y, fundamentalmente, la existencia de mecanismos claros (como la decisión asamblearia) para delegar con legitimidad. Esto les permitió tomar acciones avaladas por el bien común y no por criterios individuales.

La USAC es uno de los pocos espacios en la Ciudad de Guatemala que posee la historia, el territorio compartido y la estructura organizativa a través de sus asociaciones y agrupaciones para emular esa fuerza comunitaria. Pero la autocrítica es indispensable: hoy, esa estructura se encuentra severamente debilitada por varios factores desarticuladores como las clases virtuales, el aislamiento prolongado, la manipulación de actores corruptos y el desgaste anímico de la comunidad. Identificar esta debilidad no es un acto de derrotismo, sino un paso estratégico para buscar mecanismos creativos que compensen la falta de cohesión, canalizando la fuerza del abrumador consenso en rechazo al fraude.

El reloj de arena de las medidas de hecho

Una medida de hecho —ya sea la toma de un campus, un paro académico o un bloqueo— funciona como una máquina de vapor. Sirve para acumular fuerza y crear presión que se puede convertir en energía transformadora. Sin embargo, la presión por sí sola no bota un fraude; se necesita saber hacia dónde se empuja. Es imperativo tener claridad sobre cuál es la ruta institucional o política por la cual esa presión se va a canalizar. Si al vapor no se le da dirección, se acumula, se descontrola y puede provocar una explosión que no necesariamente nos ayuda a alcanzar nuestros objetivos. Por eso es necesario tener contempladas las rutas institucionales o políticas por la cual esa presión se puede evacuar.

Las acciones de resistencia tienen una fecha de caducidad no escrita. Existe una curva de desgaste ineludible: si se cruza el umbral de tiempo máximo sin resultados tangibles o sin una «ruta de evacuación» clara, el apoyo ciudadano disminuye y el desgaste logístico, físico y político comienza a operar en contra de quienes promueven la estrategia. Iniciar una medida de hecho sin pensar previamente en la salida es un error táctico grave.

En la resistencia frente al MP al principio la consigna fue “que renuncie Consuelo Porras”, pero con el pasar del tiempo las autoridades indígenas se dieron cuenta que esto no ocurriría, por lo que hábilmente la consigna evolucionó a “defender la toma de posesión de las autoridades democráticamente electas”.

Los mayores peligros para la dirigencia universitaria radican en el riesgo letal de la descoordinación y la incapacidad de comunicarse entre sí. El equipo que sostiene la medida de hecho en los portones o en las calles tiene que estar en total sintonía con quienes están sentados en las instancias institucionales o legales buscando las salidas. Si las dirigencias no logran ponerse de acuerdo en las rutas políticas a impulsar, la consigna común de rechazo al fraude quedará opacada, y la inercia jugará a favor del oficialismo universitario.

El mito del «sacrificio puro»

La participación en una medida de hecho no es uniforme; depende estrictamente del nivel de disponibilidad, recursos y realidad de cada persona. El compromiso no debe ser utilizado como un indicador de «dignidad» o como un pase que otorgue mayores derechos sobre la toma de decisiones.

En el plantón frente al MP se observó un contraste revelador: mientras algunos sectores de la sociedad civil criticaron duramente a las personas de la capital que «solo llegaban a dejar comida y medicinas» sin quedarse a hacer turnos nocturnos, las autoridades indígenas valoraron profundamente ese aporte logístico. Entendían que, gracias a esas familias que donaban colchonetas y alimentos, la resistencia física en primera línea podía sostenerse.

Este aprendizaje es vital para la comunidad sancarlista. Estudiantes que trabajan,  docentes con carga familiar o  profesionales que solo pueden aportar víveres, asesoría legal o difusión en redes sociales, valen tanto como quien pernocta en la toma. Juzgar a quienes no pueden estar presentes 24/7 o exigir estándares de «sacrificio puro» solo desmotiva la participación masiva y fragmenta el movimiento. El objetivo colectivo —rescatar la universidad— debe estar por encima de cualquier grupo, logo, iniciativa o liderazgo; sin sumar fuerzas no se avanzará en el objetivo común.

El fin está claro, falta revisar los medios

Las medidas de hecho son herramientas para forzar soluciones, no un fin en sí mismo. El objetivo no es habitar la protesta eternamente, sino recuperar la Universidad de San Carlos. Si algo nos enseñan los ciclos políticos recientes, es que el triunfo requiere tanto inteligencia política como resistencia física. El descontento está servido y la victoria electoral demostró que la base social existe; el desafío ahora es que las dirigencias construyan la unidad de ruta necesaria para que esa presión, finalmente, rompa el cerco del fraude.

Deja un comentario

Descubre más desde FOCO

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo